Saludo del Moderador del Sínodo por los 150 años de la IPCH

A los H. Presbiterios; Consistorios, Pastores, Diáconos, Miembros y Adherentes de la IPCH:

Con emoción contenida, profunda gratitud al Señor, y reconocimiento a quienes nos precedieron, queremos saludar a todos y cada uno de los miembros y oficiales de la IPCH y a todos los hermanos que se congregan con nosotros, en cualquier lugar del país, en este sesquicentenario de nuestra amada Iglesia Presbiteriana de Chile.

Al llegar a esta edad, no olvidamos aquellos tiempos en que se nos tildaba de “niños de casi 100 años”, cuando aún no madurábamos lo suficiente como Iglesia para ser independientes, tanto administrativa como económicamente. Pero los años han pasado, y después de aquel desafío, enfrentado con decisión, valentía y fe por quienes eran líderes de entonces, nos encontramos al umbral de los 150 años en un proceso que importa también un gran desafío, y conlleva grandes responsabilidades: somos una Iglesia de Derecho Público, condición reconocida por las autoridades correspondientes desde febrero de este año, después de un largo proceso de varios años de elaboración, redacción, discusión y análisis, corrección y finalmente aprobación de nuestro Estatuto, por la Asamblea del Sínodo, según las normas constitucionales que nos regían en la época, llevado a cabo con el estudio, observaciones y aprobación de los Consistorios, Presbiterios y finalmente el Sínodo, presentado al Ministerio de Justicia y aprobado por éste, cuyo extracto fue publicado en el Diario Oficial en febrero pasado, y plenamente vigentes en la actualidad. Este proceso debe completarse con el traspaso de las propiedades y bienes de la Corporación Unión Evangélica, de la Corporación Iglesia Presbiteriana de Chile y de otras entidades, a la IPCH D.P., el cual se está llevando a cabo con acuciosidad, profesionalismo y dedicación por hermanos que han dedicado muchas horas y días a la labor encomendada, y que esperamos culmine en los próximos meses. Esto nos pone en una nueva realidad para la IPCH, con nuevas tareas, nuevas responsabilidades, nuevos desafíos, y con nuevas expectativas, que esperamos, con la Gracia del Señor, abordar de manera tal que la Obra del Señor sea prosperada, y el nombre del Señor glorificado, el Reino de los cielos extendido en esta tierra amada que nos ha visto crecer y desarrollarnos hasta la actualidad como Iglesia.  Desde los inicios, en aquellos tiempos en que confesar públicamente la fe reformada, evangélica, era un tabú, un riesgo autocensurado debido a una Constitución de la República que prohibía “el ejercicio público de cualquier otra religión”  que no fuera la católica, apostólica y romana, pasando por el cincuentenario hacia una Constitución que separa a la Iglesia del Estado y permite el ejercicio libre de cualquier credo religioso (Constitución de 1925), alcanzando su centenario como una Iglesia independiente económica y administrativamente (1964), marchando decididamente en la extensión del evangelio, aunque tropezando con sus propias fallas y pecados que la hacen tambalear, mas no caer, detenerse pero no retroceder, llegando al tercer milenio otra vez pujante, alcanzando alturas inimaginables hace 50 años, como tener su propio Seminario Teológico totalmente autofinanciado, en medio de un proceso de cambio de status legal permitido por una Ley de Culto e Igualdad religiosa nacida en los años 90 y promulgada hacia fines de esa década, que nos encuentra hoy celebrando 150 años como la misma pero otra Iglesia.

Los años han pasado, y después de aquel desafío, enfrentado con decisión, valentía y fe por quienes eran líderes de entonces, nos encontramos al umbral de los 150 años en un proceso que importa también un gran desafío, y conlleva grandes responsabilidades: somos una Iglesia de Derecho Público.

Gracias a Dios por esta Iglesia amada, que nos ha visto nacer, crecer y desarrollarnos junto a ella y con ella. Gracias a Dios por aquellos visionarios consagrados que trajeron el Evangelio y la Fe Reformada a estas latitudes; gracias a los que convictos del amor del Señor, cautivos de Su gracia, se dedicaron a sostener esta obra, en medio hostil a veces, indiferente en otras, con escasez de recursos, con dificultades extremas con luchas, pruebas, penas, sinsabores, y pérdidas personales en ocasiones, pero con la satisfacción del galardón divino; gracias a los que nos trasmitieron ese amor a esta Iglesia y a esta causa, poniéndola en primer lugar de sus vidas, enseñándonos que por sobre todas las cosas, nada hay más importante que el amor al Señor y el amor del Señor para nuestras vidas, y que todo lo que hagamos, digamos, logremos, debe ser en primer lugar para la honra y gloria del Señor. De ellos, “ya gloriosos, marchamos en pos”. Dios nos bendiga en esta sesquicentenario; con Su Santo Espíritu nos guíe en nuestras decisiones y en nuestro camino a la luz de su Santa Palabra; con su Gracia nos sostenga y con su poder nos proteja del enemigo que, disfrazado de piedad se esconde entre nosotros para tratar de apartarnos de la verdad, del amor, de la fidelidad, de la tarea principal, del testimonio. Dios bendiga a esta Iglesia Presbiteriana de Chile en su 150° aniversario.

 “La Gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2ª Co 13:14).

En el amor del Señor,

Pastor Daniel Vásquez Ulloa

Moderador Sínodo IPCH DP

 

En Viña del Mar 01 de junio de 2018.

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