Incendio en Décima Iglesia Presbiteriana de Santiago

Amados hermanos, informamos que la Décima Iglesia Presbiteriana de Santiago, Iglesia La Paz De Cristo​, sufrió un lamentable incendio durante la madrugada de este martes 29 de agosto. “Éste se inició en la cocina, la que resultó con mayor daño estructural y de sus enseres (refrigerador, cocina, calefont, muro colindante, techo). Lo más probable es que el origen del siniestro haya sido una falla eléctrica”, informó su Consistorio

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?. Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”.

Agradecidos de Dios porque esto no pasó a mayores, pedimos tengan a la Iglesia, ubicada en Exequiel Fernández 1144, en sus oraciones y se contacten con su Consitorio si quieren ayudar en los trabajos de reconstrucción o con ofrendas.

Dios bendiga a nuestros hermanos de esta congregación y disponga nuestros corazones a ayudar.

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“Plenitud del Espíritu”

El contraste es claro: Pablo no dice “embriáguense del Espíritu”, sino dice “sean llenos”. Podríamos decir que es un paralelismo antónimo, no sinónimo, como, además lo muestra claramente la preposición muy bien traducida por la NVI como “AL CONTRARIO, sean llenos”.
¿Y por qué esto sería importante más allá de la curiosidad gramática? Porque la plenitud del Espíritu sería, desde un visión bíblica, contrastada con cualquier forma de “embriaguez”, esto es “alteración de la percepción”, “escape” o “huida” de la realidad tal cual ella es. Cuando estoy embriagado, mi conciencia está alterada, no veo las cosas como realmente son, se me hacen difusos los límites entre lo prudente y lo temerario, mis emociones afloran indiscriminadamente, mis palabras pueden herir más fácilmente y sobre todo mi percepción de la realidad es distorsionada. Hay muchas aplicaciones de esto, pero aquí pienso en una que me afecta directamente: soñar despierto.

“No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean lleos del espíritu” Efesios 5-18 NVI)

Permítanme explicar: me refiero a soñar despierto desde la ingratitud y el resentimiento. Soñar despierto que no vivo la vida que Dios me ha dado hoy. Soñar despierto que mi casa es más bonita y en otro barrio, que mi hijos son más obedientes y que el carácter de mi esposa es más dócil. Soñar despierto que recibo admiración, cariño y reconocimiento de otros porque mi ministerio es exitoso y lleno de resultados envidiables. Soñar despierto que estoy en otra iglesia, que llevo a cabo mi ministerio en una denominación menos burocrática, que recibo un llamado a trabajar en un contexto diferente, más emocionante, exótico, cómodo o desafiante. Y, mientras sueño despierto, no estoy aprendiendo a amar de corazón, otorgando valor y siendo agradecido por el lugar donde vivo, la familia que tengo, la iglesia donde sirvo, el ministerio que la gracia de Dios me ha dado ni la denominación que Dios usó para confirmar mi llamado. No trabajo gozosamente por transformar la realidad a mi al rededor, sólo tengo quejas y murmuraciones. Y cuando trato de impulsar cambios, lo hago desde el resentimiento, desde la amargura, desde el desamor… no cultivo, sólo destruyo.
Toda esa actitud de vida, por más que trate de disfrazarla de “celo por hacer la voluntad de Dios” o de “celo por el Evangelio”, “por el Reino”, “por la sana doctrina” o por lo que sea, no es otra cosa más que mera carnalidad. Tal vez no bebí una gota de alcohol, pero estoy embriagado de mí mismo y de mi visión de cómo yo creo saber [mejor que Dios] cómo debiese ser mi vida. Estoy embriagado de la ilusión que sólo ciertas cosas bajo ciertas circunstancias – que Dios supuestamente me ha preparado en un futuro distante e incierto – me harán feliz y completo.
Esta embriaguez no me permite ver con claridad el aquí y el ahora. Veo borrosa la felicidad que Dios me ofrece de abrazar y amar a quienes están conmigo hoy, ¡de la manera como son hoy! Me tambaleo y no soy capaz de mantenerme de pie en el ministerio que Dios me ha dado hoy, en la iglesia a la cual sirvo aquí y ahora y en la denominación que Dios me dio oportunidad de servir en este preciso instante. ¡No! En vez de eso me embriago de mis ilusiones narcisistas acerca de cómo yo creo que debiera ser la vida. Me manifiesto en desacuerdo con Dios, miro con sospecha a mi Padre Celestial y le digo con ira y amargura de corazón: “no quiero lo que me ofreces hoy, aquí y ahora. No aprenderé a amar lo que me diste. No invertiré tiempo, recursos y energías en transformar gozosamente esta realidad. Simplemente me declaro en rebeldía contra lo que me das, ¡escupo el plato que me ofreces y demando una realidad distinta porque esta no es la que yo quería!”
Al ver y sentir el mundo de esta manera, me he tragado completa la mentira de la serpiente. Imagino, en mis alucinaciones paranoicas, que Dios me niega la felicidad y que soy sólo el objeto de una absurda broma con la cual Él, cual cruel demiurgo, se divierte. No hay plenitud del Espíritu en esto, sino todo lo contrario: embriaguez. Embriaguez de mi ego. Embriaguez de rebeldía satánica. Embriaguez narcisa.
Pero, AL CONTRARIO, cuando el Espíritu Santo me llena, me hace clamar “Abba Padre”, me hace cantar de gratitud la vida que Dios me dio, la realidad frente a mis ojos. Comienzo a ver y entender la realidad del aquí y ahora tal cual es: que TODO está lleno de Su amor perfecto y de Su cuidado paternal, incluso la pérdida, cuando algo que amo me es quitado, cuando mis castillos de naipes son desmoronados. Agradezco mi casa, mi ciudad y mi barrio como son aquí y ahora y busco servirlos con gozo. Agradezco por mi esposa y mis hijos porque ellos me desafían a ser cada día mejor y porque puedo pastorearlos. Agradezco mi ministerio, mi iglesia, mi denominación y me dispongo con gozo a ser parte de las transformaciones que Dios quiera hacer en ellos, comenzando por dejarme transformar yo mismo.
Por eso: sospechemos de invitaciones a ser llenos del Espíritu que lo único que hacen es sacarnos de la realidad y llenarnos de amargura y resentimiento hacia la vida que Dios nos dio, tal cual es, aquí y ahora. No hay plenitud del Espíritu allí donde hay escapismo de la realidad. No hay plenitud del Espíritu allí donde sólo hay resentimiento y murmuración contra el aquí y el ahora. Basta con seguir leyendo lo que viene después de Efesios 5.18: cuando estoy lleno del Espíritu disfruto la comunión con mis hermanos de la iglesia local a la cual pertenezco (5.19-20), mi sumisión es gozosa tanto en la iglesia como en la familia (5.21), mi servicio es genuino, amo a mi esposa como Cristo amó a la iglesia (5.25), no despierto la ira en mis hijos (6.4), honro a mis mayores (6.5), sirvo con gratitud a mis superiores (6.5-8), trato con justicia a quienes están bajo mi responsabilidad (6.9), hago bien mi trabajo, no saco la vuelta en la pega (6.7)… ¡todo esto es la plenitud del Espíritu! ¡Esta es la plenitud del Espíritu que transforma realidades! Y las transforma justamente porque no las ve como edificios que necesitan ser demolidos, sino como jardines para ser desmalezados, podados, regados y fertilizados con la delicadeza y dedicación de un jardinero.
El Espíritu Santo quiere llenarnos para que vivamos nuestra realidad aquí y ahora con el corazón lleno de gozo y gratitud, como alguna vez lo hicieron nuestros primeros padres en el Edén.
Texto realizado por Jonathan Muñoz Pastor asesor Metanoia. Publicado originalmente en agosto de 2013 en el blog jonathanmunozv.wordpress.com
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Retiro de Jóvenes Presbiterio Centro Sur

Este retiro nace a partir de las inquietudes de como dirigirnos en un mundo que cada vez se vuelve mas secularizado, donde todo es subjetivo, todo es relativo. Y esta inquietud basicamente se trata de ¿como debemos dirigirnos en un mundo desfragmentado? La Biblia debe ser nuestra unica regla de fe y conducta, y es por medio de su testimonio dado por Dios que debemos tomar decisones, hacernos opiniones y llevar una vida justa.

“El retiro comienza el 15 de septiembre y finaliza el 18 del mismo mes a las 11 de la mañana. Serán cuatro temas a tratar en la comuna de Pichidegua VI Región”.

El retiro inicia el 15 de septiembre por la tarde 19:00 horas aprox, y termina el 18 de septiembre a las 11:00 am.

Tendremos 2 dias completos abocados a escuchar la Palabra de Dios, compartir con nuestros amigos y tener espacios de busqueda y reflexión.

Te invitamos a que mires el programa con los temas diarios a tratar en el sitio web Presbiterial de Jovenes AQUI.

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Cuando idolatramos el poder, un nuevo comentario en METANOIA

El poder no es algo malo en sí mismo ni debe ser demonizado. El poder forma parte de nuestra cotidianeidad y es necesario ejercerlo para cosas tan sencillas como organizar la familia, un centro de estudiantes, una asamblea de la iglesia hasta cosas más complejas como ministerios públicos, la gestión de grandes empresas y toda la estructura estatal de nuestra sociedad moderna. El problema, más bien, radica en cuando alguien con cierto poder se sale de sus atribuciones y termina ejerciendo represión, opresión y tiranía.

Existe una inseguridad básica y esencial que habita el corazón de todo ser humano: en lo más profundo de nuestro corazón, de maneras inconscientes muchas veces, sabemos que somos esencialmente débiles, dependientes e incapaces de “hacernos a nosotros mismos”.

¿Qué lleva a que, aparentemente, gran parte de las personas con poder lo terminen usando para beneficiarse a sí mismas y la consecuencia, consciente o no, termine siendo la opresión a los más débiles y la tiranía? La explicación está en la idolatría de nuestros corazones. El poder en sí mismo termina siendo abrazado de corazón como la razón última de la existencia, como aquello que le da propósito y sentido nuestras vidas; en otras palabras, el poder termina siendo visto como un dios. Sentirnos seres poderosos o, incluso, todopoderosos es una distorsión tan evidente de la realidad que puede causarnos las más terribles frustraciones, amarguras y decepciones. ¿Acaso depende de nosotros decidir el lugar, la época y la familia en que nacemos? ¿Es una decisión totalmente nuestra las oportunidades que se nos presentan en la vida y que nos permiten progresar u obtener éxitos? El hombre o la mujer que idolatra el poder tiende a olvidar que él no se hizo a sí mismo, sino que su Creador, el Único Dios Todopoderoso, fue quién le dio todo lo que tiene y le puede también quitar todo lo que le dio.

Existe una inseguridad básica y esencial que habita el corazón de todo ser humano: en lo más profundo de nuestro corazón, de maneras inconscientes muchas veces, sabemos que somos esencialmente débiles, dependientes e incapaces de “hacernos a nosotros mismos”. Esto es así porque en nuestro pecado hemos proclamado nuestra independencia de Dios, hemos buscado nuestra propia autonomía ilusoria, pecando así contra Dios y tarde o temprano descubrimos que somos seres absolutamente dependientes (del agua, del aire y de tantas otras cosas) y caemos en la cuenta que somos completamente vulnerables en nuestro íntimo. Así que el poder sobre otros, sea el de un gran multimillonario dueño de grandes empresas o una alta ejecutiva de una multinacional, sea el de un político que ocupa un alto cargo de confianza o el de una empleada pública que tiene a sólo 2 ó 3 personas bajo su mando o el simple poder de un hombre sobre su esposa en una cultura machista y misógina; en fin, el poder, en cualquiera de sus grados o manifestaciones, puede parecer al corazón idólatra la respuesta a esa inseguridad y puede parecernos lo único que nos dará, al fin, la felicidad.
Pero esa inseguridad esencial no puede ser llenada con el poder ni con ninguna otra cosa que no sea la entrega de corazón, la fe plena en el amor que Dios mostró por nosotros en la cruz de Cristo, en el Calvario, dándolo todo, derramando cada gota de sangre para decirnos vehementemente: “yo te amo y te acepto. No necesitas manipular ni controlar a las circunstancias ni a las personas para demostrar tu valor. Yo soy tu Creador, tu Padre y tu Señor y te digo hoy: tu vida tiene valor porque te amo con amor eterno y di mi Hijo por ti para perdonar todos tus pecados”.
¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte? Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, que me libró del poder del diablo, satisfaciendo enteramente con preciosa sangre por todos mis pecados, y me guarda de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer antes es necesario que todas las cosas sirvan para mi salvación. Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante según su santa voluntad”. (Pregunta y respuesta nº 1 del Catecismo de Heidelberg; 1563)
Jonathan Muñoz V. Pastor asesor, Metanoia.
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Seminario JMIG: “Mentes sometidas a la Palabra de Dios y corazones apasionados al servicio de su Reino”

Estamos preparando todo para iniciar el segundo semestre, en proceso de inscripción de asignaturas y admisión extraordinaria para nuestras tres sedes: Santiago, Valparaíso y Concepción. La segunda etapa del año siempre presenta desafíos relevantes, compartimos con ustedes alguno de ellos.

“La segunda etapa del año es más corta que la primera, sin embargo, presenta desafíos relevantes los cuales todos ustedes están invitados a realizar pensando siempre en la obra del Señor”.

  • Continuamos con el Diplomado en Teología Reformada y Liderazgo, corresponden sus últimos cuatro módulos, ¡ánimo a nuestros estudiantes!
  • Como institución saldremos a terreno a finales de agosto, estaremos compartiendo con la Iglesia Presbiteriana de Rancagua, cinco días de trabajo en terreno y misión, enseñando y predicando el evangelio.
  • En septiembre el pastor Jonathan Muñoz Vásquez visitará la ciudad de Asunción, invitado por la Iglesia Presbiteriana de Paraguay, a un Congreso para Pastores y Líderes a realizarse en la Facultad Presbiteriana de Paraguay, en la ciudad de Luque.
  • A comienzos de octubre acompañaremos al pastor Oswaldo Fernández Giles, presidente de ASIT (Asociación de Seminarios e Instituciones Teológicas del Cono Sur), en la Consulta sobre Bibliotecas Teológicas y Recursos Digitales que se realizará en Buenos Aires, Argentina; luego la conmemoración del V Centenario de la Reforma Protestante marcará nuestro quehacer el resto del mes, ya los estaremos invitando.
  • Y hacia final del año esperamos recibir cinco tesis de quienes se convertirán en los nuevos egresados de Licenciatura en Teología. ¡Oremos por ellos!
  • Si quisieras ser parte de todo esto, aún estás a tiempo de matricularte para este segundo semestre, sino te adelantamos desde ya que la admisión 2018 será entre los meses de noviembre y diciembre.
En todo esto confiamos en el Señor, con todo esto confiamos nos acercamos a cumplir el lema que nos inspira, que nuestra comunidad, que todo nuestro quehacer, vaya en dirección de forjar mentes sometidas a la Palabra de Dios y corazones apasionados al servicio de su Reino.
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La Iglesia Presbiteriana de Chile, un fragmento de su historia

Exposición de nuestro hermano Luis Pino sobre el proceso de nacionalización de la Iglesia Presbiteriana de Chile, conseguida en 1964. Hacerse parte de una comunidad implica hacerse parte de su historia. Infórmese de la misma, en el camino a la próxima celebración de los 150 años de nuestra presencia eclesial en el país.

“Nuestra preocupación por la historia no sólo tiene que ver con los hitos o acontecimientos. En realidad los hechos y los sujetos por sí solos son sólo la espuma de la ola. Es imposible analizar la nacionalización de la IPCH como un hecho aislado sin tener en cuenta la globalidad de los acontecimientos históricos”-

Para  Acceder a la exposición, haga clik aqui

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