Ministerio Bienaventurados en Valparaíso

La hermana Andrea Arias junto al pastor Caleb Fernandez de la Primera Iglesia Presbiteriana de Valparaíso, son los directores del Ministerio Bienaventurados. El grupo es conformado por 12 hermanos, entre ellos hay una profesora, un terapeuta ocupacional, psicopedagoga, estudiante de  servicio social, interprete de señas, periodista con experiencia en fundación de discapacidad, educadora diferencial,  contadores, médico y pastor en apoyo espiritual. 

¿De qué trata y cómo nace este ministerio?

El Ministerio Bienaventurados nace como un servicio a los hermanos en situación de discapacidad en la Iglesia Presbiteriana de Valparaíso, en noviembre del año 2016.  Al llegar a congregarnos como familia a esa comunidad y tener una hija con Trastorno del Espectro Autista, fuimos recibidos con mucho entusiasmo e interés.  Desde el primer día nos sentimos como en casa, Amanda por fin estaba en un espacio grande, y por primera vez, el sonido del grupo de alabanza no parecía molestarle. En liturgia ayudaba completamente a su regulación emocional ya que por fin la Iglesia era un lugar predecible para ella.

Al entrevistarnos con el Pastor (ps Caleb Fernandez) nos encontramos con un hijo de Dios que tenía desde hace años en su corazón un deseo: ver transformada la Iglesia en una comunidad de Fe inclusiva, donde cada hermano con discapacidad se pudiera desarrollar plenamente. Al conocer nuestros sueños en común, me presenta a Antonella Herrera, una estudiante de Educación diferencial de ultimo año (quien ya egresó) e iniciamos a escribir un proyecto. Lo primero que nos preguntamos fue cual era la teología detrás d e la discapacidad. Nos tomamos unos meses para orar e investigar. Fue así como tras convocar abiertamente a la Iglesia a participar, se incluyeron otros hermanos para construir un documento que sería nuestra base bíblica sobre el proyecto.

En el llamado a la Iglesia nos encontramos con gratas y desafiantes sorpresas: interprete en lengua de señas, psicopedagogas, fonoaudiólogas, periodista, hermanos que trabajan en fundaciones relacionadas a la discapacidad visual y física. Además hubo hermanos que tenían el deseo hace mucho en su corazón de ayudar en esta área.

Lo que descubrimos en las primeras reuniones es que lo que anhelábamos todos era que nuestra Iglesia se convirtiera en un lugar donde no importara la condición física, cognitiva, sensorial ni mental de sus miembros para recibir el evangelio de Jesucristo y luego para servir y desarrollarse. El camino sería largo, ya que lo primero era sensibilizar a la comunidad, educarla, transmitirles la visión del ministerio para que se lograra un cambio y una misión de todos.

Al final del 2016 presentamos el proyecto al consistorio y el 2017 nos enfocamos en sensibilizar y educar a la Iglesia, junto con identificar a los hermanos  en situación de discapacidad. Nuestra idea no era hacer un servicio directo ejecutado solo por nosotros a los hermanos que lo requirieran, sino que todo hermano pudiera hacerlo, desde el que los recibe en la puerta, el hermano que se siente a su lado, los líderes, los músicos, a todos.

Para nosotros como profesionales habría sido fácil comenzar a “tratar individualmente” a cada hermano con discapacidad, el desafío real era que cambiara hasta el vocabulario de la Iglesia al referirse a ellos, y que llegaran a comprender el plan de Dios en esa discapacidad, que no solo busca transformar el corazón de la persona misma o de su familia, sino que de toda la Iglesia.

Comenzamos  a reunirnos para intercambiar visiones y el primer desafío fue integrar a nuestra hija a la escuela dominical.  Esto lleva a evidenciar la necesidad de reestructurar el departamento, con asesoría pedagógica y diferencial. Fue así, como hoy en día está por iniciar un nuevo proyecto del departamento infantil de la Iglesia, que no solo persigue la inclusión, sino que se generará un espacio para la participación de los padres y de la educación de los niños en la liturgia.

Nuestro objetivo principal como BVT es:

Propiciar la plena inclusión y participación de personas en situación de discapacidad y sus familias en la comunidad de fe, disminuyendo las barreras que impiden llevarles el evangelio, reconociendo la soberanía de Dios en el sufrimiento y buscando glorificarle en el proceso.

Durante el año 2017 se comenzó a incluir en los sermones el tema de la discapacidad, incluso uno habló directamente del tema, generando en la congregación un compromiso cada vez mayor con la discapacidad y entendiéndola  dentro de la maravillosa Soberanía de Dios. También se realiza un taller de cultura de sordos y un curso de lengua de señas, se capacitan los departamentos de la iglesia en inclusión.

Para este año el ministerio desea tener acciones cada vez mas concretas: Ya comenzamos a interpretar el culto a hermanos sordos en forma simultánea, recibimos a

un hermano ciego de nacimiento, pastor presbiteriano, director de CEMIPRE a ofrecer una charla en la escuela dominical. Queremos continuar adaptando espacios para dismovilidad, material para discapacidad visual y auditiva, visitas pastorales a hermanos en situación de discapacidad, realizar un seminario en junio abierto a otras congregaciones interesadas en el tema, entre muchos otros proyectos.

Como Iglesia soñamos en que algún día, quien predique lo haga en lengua de señas y que se nos interprete a los oyentes. Soñamos  el día en que Amanda cante una alabanza, el día en que un hermano en silla de ruedas pase la ofrenda, un día en que podamos cantar “Bueno es Dios” mirando al hermano de nuestro lado con una discapacidad y esperar juntos el día en que el Señor restaure definitivamente todas las cosas.

Además, la hermana Andrea nos entrega un hermoso testimonio donde se ve reflejada la Gloria de nuestro Dios:

Mi nombre es Andrea, junto a mi esposo Rodrigo, tenemos 2 hijos, Amanda, la menor 

de 8 años, desde los 9 meses comenzó con síntomas de trastorno de desarrollo. Ambos, mi marido y yo somos médicos, yo me dedico a la salud mental familiar y debido a esto noté de inmediato que Amanda tenía poca mirada a los ojos, no hablaba, no jugaba igual que los demás niños de su edad, dormía muy mal, su alimentación era selectiva y el apego a nosotros parecía no darse de acuerdo a lo vivido con nuestro hijo mayor. Tras el diagnóstico tentativo comenzamos a realizar terapia, lo cual fue muy difícil dado a que estamos viviendo sin familia en la región y nuestras redes de apoyo eran escasas. Además la ayuda profesional, vista como pacientes no es del todo competente y está muy ligado a la ganancia económica. Nos tocó vivir el Autismo desde el otro lado, como padres, en un mundo sin inclusión y a veces cruel. Nuestra hija es hipersensible auditiva, lo que la lleva

a no tolerar muchos lugares y contextos, lo que llevó a hacer la vida cotidiana por momentos muy difíciles, al punto de afectar seriamente mi animo como madre, provocando la prueba de fe mas grande de mi vida hasta ahora. Comenzaron a surgir las interrogantes mas básicas y políticamente incorrectas para alguien que ha vivido como cristiana dentro de un Iglesia evangélica ( hasta ese entonces una congregación no denominacional), que dejaron al descubierto mi falta de base bíblica para enfrentarme a la vida: ¿Por qué , Señor no sanas a mi hija? ¿acaso no tengo suficiente fe?, ¿qué hicimos mal, si te he seguido toda mi vida?, ¿cómo va a “decidir” entregar su vida a ti mi hija si no puede autorreflexionar sobre su pecado?, ¿cómo la voy a evangelizar?, ¿tú la creaste así, o fue una obra del mal?, en fin, todo esto me llevó a cuestionar todo lo aprendido hasta entonces y comenzó el Señor a trabajar en mi vida, despertó un ansia jamás vista por Su palabra, ( clama a mi y yo te responderé…) al leer Romanos, Efesios, Hebreos, y literatura sobre el dolor en la escritura,  el Espíritu Sa

nto me fue mostrando las verdades mas grandes de Su evangelio, Su soberanía, Su Gracia, su justicia, su elección, la seguridad de su salvación, en palabras simples “me reformó”.

Como familia decidimos buscar una congregación donde se enseñara esto como eje fundamental, y donde el “evangelio” de la prosperidad estuviera muy lejos. Fue así, donde tras una año de oración con otra familia de amigos en el mismo proceso de búsqueda; llegamos a la IGLESIA PRESBITERIANA DE VALPARAÍSO. Desde el primer día, supe que ese era el lugar donde serviríamos al Señor y dónde encontraríamos una familia. En diciembre del año pasado nos hicimos miembros.

El TEA de Amanda fue lo que nos llevó a buscar más de Dios, lo que hizo conocerle desde el sufrimiento, lo que nos obliga a depender de Jesúsdía a día, lo que hace que nuestro hijo mayor, Tomás de 10 años, sea el niño amoroso e inclusivo que es hoy, lo que ha contribuido a que como matrimonio sepamos que el Amor de Dios nos une y sustenta. Día a día la presencia de ella en el culto, con sus bailecitos y risas, nos recuerda a todos la bondad de Dios, su soberanía en la Elección, su Santidad, y lleva a la Iglesia a adorar y a agradecer a nuestro Padre. El dolor del diagnóstico, se ha transformado en Gozo y aunque aun queden muchos obstáculos que enfrentar, sabemos que “nada nos separará del Amor de Dios…” y que somos BIENAVENTURADOS, no solo nosotros, sino que la Iglesia entera.

Las necesidades de hoy son económicas para concretar proyectos, sobretodo los de adaptación de planta física. En un futuro nos gustaría estar en contacto con otras iglesia para la ayuda mutua, pero la idea es que nuestro testimonio de inclusión sirva para que otras congregaciones se transformen.

5 Comentarios

David Vilches

Maravillosa iniciativa. En nuestra iglesia estamos proyectando el lenguaje de señas como primera acción de abrirnos a la comunidad con discapacidad auditiva; estaríamos felices de conocer lo que han avanzado para adelantar mejor en nuestro proyecto.
Dios les bendiga grandemente y a través vuestro a muchos hijos de Dios.

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Andrea Farias

como incribirme el curso de lengua seña, yo ya se un poco lengua seña. yo soy hipoacusica con implante coclear soy andrea Farias

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ricardo@byte1.cl

estimada Andrea, junto con saludarte, favor ponte en contacto con la iglesia local.

Dios te bendiga

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